La Ajorca de oro

La ajorca de oro obra de teatro corta
La ajorca de oro – Adaptación a obra de teatro corta

Esta famosa leyenda del escritor español Gustavo Adolfo Becquer adaptada para Obras de teatro corta, una historia de amor pasional entre dos jóvenes enamorados Pedro y María, ambos de la ciudad española de Toledo. Ella estaba obsesionada por poseer la ajorca de oro de la virgen y su amado al verla llorar, se apiadó de ella y se convirtió en sacrílego, robando esa joya, pero en su intento, una maldición dentro la catedral, plagado de fantasmas, lo volvió loco.

Titulo de la obra: La Ajorca de oro
Autor: Segundo Vereau Bernardo

✅ Obra de 5 personajes

🎭 El Inca y la Peste

👫 Personajes:

  • Narrador
  • Pedro
  • María
  • Sacerdote
  • Vigilante

📢 ACTO I

Narrador: Ella era María Antúnez, una mujer hermosa, pero caprichosa, extravagante y ambiciosa. Él era Pedro Alonso de Orellana, un joven valiente y supersticioso, que la amaba a ella, sin límite y con delirio. Los dos, vivían en la ciudad española de Toledo.

María: — ¡Soy hermosa y cualquier hombre se rinde a mis pies!

Pedro: — ¡Estoy feliz de amar a María con el corazón!

Narrador: Pedro un día, la fue a visitar a María, la encuentra llorando y le pregunta:

Pedro: — Amorcito… ¿Por qué lloras? (la coge de las manos)

Narrador: María se enjuga los ojos con su pañuelo. Le mira con tristeza y suspirando vuelve a llorar. Pedro muy enamorado, la abraza, mirando su hermoso rostro y le dice:

Pedro: —¿Por qué lloras mi amor?

María: – Lloro, porque quiero algo imposible y nadie me lo podrá dar.

Narrador: Ambos se sientan en una roca como dos pajaritos. Se asolean, oyendo el ruido del río y María exclama:

María: — Pedro. Ya no me preguntes por qué lloro. No me vas a entender. Tengo un único deseo y si tanto me amas, me lo darás. No te rías, ya… (inclina la cabeza de tristeza) PEDRO: — ¡Amor mío!… ¿Cuál es tu gran deseo? (se oye la melodía del Ave Regina) MARIA: — Es una locura. No importa. Te lo diré. Ayer estuve en el templo, cuando los sacerdotes entonaban un cántico. Yo, que soy religiosa estaba rezando, pero al mirar a la virgen, me fijé en la ajorca de oro de su muñeca.

Pedro: — ¿Qué tiene de malo mirar a la virgen y a sus joyas?

María: — Es que yo fui poseída del brillo de esa ajorca. Salí del templo, llegué a mi casa, pero no puedo dormir en las noches. (se pone a llorar)

PEDRO: — ¡Ya deja de llorar! ¡Amor mío! Algo te está atormentando. (le da un abrazo de consuelo)

María: — Ayer he soñado a una mujer, que mostrándome la joya, se burlaba de mí y decía que la ajorca nunca será mía. Hoy he despertado triste y mi sueño es poseer esa joya. (se pone de nuevo a llorar)

Narrador: Pedro, se levanta muy preocupado. Oprime el puño de su espada, le mira a ella y le interroga:

Pedro: — ¿Qué Virgen tiene esa presea?

María: — Lo tiene la Virgen del Sagrario.

Pedro: — ¡La Virgen del Sagrario!… (pone la cara de susto)

Narrador: El semblante de Pedro se entristece, al oír esa alocada idea.

Pedro: —¡Ah! ¡Maldita sea! ¡Debería ser la joya de otra Virgen!

María: — ¡Amor mío! Ahora mismo, quiero tener esa joya en mis manos.

Pedro: — Si lo tuviera puesto un arzobispo en su mitra o un rey en su corona. Yo se las arrancaría para ti, aunque me pudra en la cárcel o me muera.

María: — ¡Así se habla mi amor!

Pedro: — ¡Escucha María! A la Virgen del Sagrario. No lo tocaría. ¡Es imposible! ¡Es un sacrilegio!

María: — ¡Nunca me lo darás! ¡Tú no me amas! ¡Eres un cobarde! ¡Ya vete mejor de mi vida! (llora sin control, llena de cólera).

Narrador: Pedro que la amaba con locura, la mira lleno de pena y contagiado de sus ideas sacrílegas, le dice:

Pedro: — ¡No te preocupes! ¡ Ya cálmate! ¡Me sacrificaré por ti! Me convertiré en ateo y robaré la joya sagrada de la virgen. ¡Mañana tendrás la ajorca de oro!

María: — ¡Lo harás amor mío! ¡Me haces muy feliz! (le da un beso en la boca y ambos arden de pasión)

📢 ACTO II

Narrador: Al día siguiente, casi de noche, Pedro ingresa a la catedral de Toledo. Trasciende el incienso y oye las campanas de la torre, que estremecen los ambientes y le iluminan lámparas de plata. Se celebraba la octava de la virgen, que tenía la valiosa ajorca de oro, La multitud de fieles, poco a poco se van a sus hogares. De pronto, se apagan las luces de las capillas y del altar mayor. Mientras que el vigilante cierra las puertas del templo.

Pedro: — Tengo que ocultarme detrás del altar, para que nadie me vea. Aunque la catedral ya está vacía.

Narrador: El hombre se para como una estatua y cuando el vigilante entra a un ambiente, camina sin hacer ruido, siguiendo el brillo de una lámpara.

Pedro: — ¡Lo hago por amor! ¡Perdóname Dios mío! ¿Será un crimen? ¡No lo sé!

Narrador: Pedro avanzaba con las piernas temblando y con la frente sudorosa. Solo oía el murmullo del viento y el sonido imperceptible como de un fantasma.

Pedro: — ¡Tengo que seguir y cumplir mi plan! ¡Tengo que avanzar y morir por ella!

Narrador: Pedro llega a la verja y sube la primera grada de la capilla mayor y al ver las tumbas monstruosas con las imágenes de piedra, siente miedo y saca su espada.

Pedro: — ¡Adelante! ¡Nada me hará declinar! ¡Soy el más valiente de los amantes! NARRADOR: Pedro desde lo alto, ve el pavimento. De nuevo, siente horror de las losas sepulcrales y de esa ilusión, llena de cadáveres.

Pedro: — ¡Soy fuerte! ¡Nada me hará caer! Esa lámpara brillante me nubla la visión.

Narrador: De pronto, las estatuas y las imágenes se mueven, como embrujadas.

Pedro: — ¡Adelante! ¡No temo a nada! ¡El amor a María me fortalece!

Narrador: Pedro se trepa de una viga como un loco y sube hasta el escabel de la virgen.

Pedro: — Tengo que llegar a la mano de la virgen. No miraré a ese sepulcro maldito, que me aturde. (sonríe varias veces, con la cara asustada)

Narrador: El hombre tembloroso, toca la muñeca de la virgen y exclama: PEDRO: — ¡Es la ajorca de oro! ¡Ya la tengo! ¡Es para mi amada María! Ahora tengo que huir rápido.

Narrador: Pedro con los ojos cerrados, veía a las imágenes del sepulcro que parecían como fantasmas. Cuando abrió los ojos, dio un grito de horror, al ver los cadáveres secos, de los reyes, santos, demonios, guerreros, damas, pajes y de los villanos. Y él, seguía con los pies suspendidos.

Pedro: — ¡No puedo resistir más! Me duele la cabeza. ¡No soporto más! ¡Mis sienes van a estallar! (se agarra la cabeza y habla gritando)

Narrador: Luego de gritar, Pedro seguía muy ofuscado.

Pedro: — ¡No! ¡No! ¡Esos fantasmas me matan! (cae y se desmaya sobre el ara).

Narrador: Al otro día, el sacerdote de la iglesia lo encontró a Pedro al pie del altar, con la ajorca de oro entre sus manos.

Sacerdote: — ¿Qué haces hijo mío con la ajorca de oro de la virgen? (le toca su cabeza llena de sangre). NARRADOR: Pedro abre los ojos, dando una horrible carcajada y exclama:

Pedro: — ¡Ja ja ja já! ¡Esta joya no es de la virgen! ¡Esta joya es de mi amor María!

Sacerdote: — ¡Pobrecito hombre! ¡Está loco de remate!

Narrador: El vigilante le quita la joya, colocándole rápido a la virgen y el sacerdote lo lleva a Pedro hacia un manicomio.

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