Obra de teatro que enseña a los niños a ser agradecidos

Obra de teatro que enseña a los niños a ser agradecidos
Obra de teatro que enseña a los niños a ser agradecidos

Trata de tres niños que no les gustaba comer el potaje de lentejas que preparaba si abuelita que era criticada por sus nietos. Cuando ocurre un movimiento sísmico cambian su perspectiva y aprenden a ser agradecidos con lo que tienen y terminaron comieron lo que la abuelita había preparado y le dieron las gracias a Dios por haberles protegido.

Titulo de la obra: Los niños y las lentejas
Autor: Segundo Vereau Bernardo

✅ Obra de 7 personajes

🎭 Los niños y las lentejas

👫 Personajes:

  • Narrador
  • Hermano 1
  • Hermano 2
  • Hermanito
  • Abuela
  • Vecina
  • Madre

📢 ACTO I

Narrador: En una casona antigua, cercana al mar, vivían tres hermanos con su abuela y su madre. Un día cálido, solos se pusieron a jugar, dando de comer migajas de pan a los peces del acuario.

Hermano 1: — ¡Coman pececitos estas migas de pan!

Hermano 2: — Estoy oliendo a lentejas. Ese olor feo está saliendo de la cocina de la abuela.

Hermanito: — ¡No me gustan las lentejas! ¡Qué feo sabor tienen!

Narrador: De pronto sale la abuela con el rostro muy alegre y les dice a sus nietos.

Abuela: — ¡Hijitos, les estoy preparando un rico potaje de lentejas!

Narrador: Los tres hermanos con el rostro de enojo, le contestan a la abuela

Hermanos: — ¡Lenteja, para la gente vieja! (los tres hablan en simultáneo)

Narrador: La abuela al oírlos, se pone triste al ser despreciada por sus nietos. Pero no les hizo caso. Se metió a la cocina a seguir preparando las lentejas. Mientras los niños se pusieron a brincar y a saltar en señal de protesta por la comida de la abuelita.

Hermanito: — ¡Queremos pollo frito! ¡Queremos papa frita!

Narrador: De pronto, las ventanas y el piso de la casona empezó a temblar muy fuerte, la abuela salió desesperada y les dijo

Abuela: — ¡Las lentejas son nutritivas y tienen hierro! —Ya dejen de saltar, que hacen temblar toda la casa.

Narrador: La abuela al sentir otro remezón más fuerte, salió asustada, llevando de la mano a sus tres nietos. La gente en la calle estaba arrodillada, pidiendo clemencia a Dios.

Vecino: — ¡Dios mío! ¡Que deje de temblar la Tierra y mi casa no se caiga! ¡Te prometo que voy a ser bueno! (arrodillado oraba triste y llorando)

Narrador: Al instante sobrevino una gran calma y la abuela persignándose, entró a la casa de paredes rajadas, con sus nietos

Hermano 1: — ¡Tenemos que salvar a los pececitos!

Hermano 2: — La pecera de plástico está tirada en el suelo con poca agua. ¡Pobres pececitos!

Hermanito: — ¡Están fuera de la pecera y sin agua! ¡Se van a morir!

Narrador: Al instante, uno de los hermanos trajo agua y llenó la pecera. Luego los peces nadaban muy alegres.

Hermano 1: — ¡Saquemos rápido a la pecera a la calle!

Narrador: Los niños se sentaron en la vereda y la madre muy preocupa llegó y al verlos abrazó a sus hijos.

Madre: — ¡Hijos míos! ¿Están bien? Estaba preocupada por ustedes.

Hermanito: — ¡Mamá…! ¡Nosotros ocasionamos este desastre por nuestros gritos y saltos!

Madre: — ¡No hijitos! Ustedes no hicieron nada. Ha ocurrido un terremoto en nuestra localidad.

Hermanos: — ¡Un terremoto! ¡De lo que nos salvamos! (hablan los tres)

Narrador: La madre les contó todo sobre los sismos, aprendieron a estar preparados ante estos movimientos. Finalmente, los nietos pidieron disculpas a la abuelita, le agradecieron comiendo todas las lentejas y repitieron el plato.

FIN

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